BLACK FLASH
Autor: JEANKHY | Género: acción, fantasía,shonen
Sinopsis de BLACK FLASH
En un mundo donde la luz mágica fluye como el agua en los ríos, donde hasta el último insecto lleva una chispa de poder en su interior, la vida debería ser un paraíso. Debería. Las ciudades se alzaban con arquitectura orgánica, torres de cristal vivo que respiraban al compás de sus habitantes. La gente caminaba sonriente, porque la magia no era un lujo, era respiración. Un niño hacía levitar su juguete con un dedo. Una mujer hacía florecer un jardín en segundos con un gesto. Un anciano sostenía un orbe de luz sobre su palma abierta, como si tuviera una estrella cautiva. Siete magias dominaban este mundo. Siete pilares que sostenían la civilización. Fuego. Que ardía en puños y corazones. Agua. Que fluía en lágrimas y mareas. Viento. Que cortaba montañas con sus filos invisibles. Rayo. Que caía del cielo como ira divina. Estrellas. Que guiaban a los viajeros y predecían el destino. Creación. Que daba vida a la tierra, flores que brotaban de la nada. Luz. La más pura, la más esquiva, la que solo unos pocos podían tocar. Pero esta historia no trata de ellos. --- El cielo no era cielo. Era una herida abierta de ceniza y humo. El olor a quemado era tan denso que se podía masticar. Edificios que antes eran orgullosos se retorcían como bestias moribundas, sus entrañas de acero y piedra esparcidas por el suelo. Cuerpos inertes. Silencio roto solo por el crepitar de las llamas. Y entre las ruinas, una mujer corría. Sus piernas se movían por puro instinto. Llevaba a un niño pegado a su pecho, un pequeño de cabello naranja que no entendía por qué el mundo se había vuelto gris. —Mamá, ¿dónde vamos? —susurró el niño, con la voz quebrada. Ella no respondió. No podía. Cada palabra era un lujo que no podía permitirse. Entonces el suelo tembló. Una roca del tamaño de una casa cayó a metros de ellos, levantando una nube de polvo y escombros. La mujer tropezó. Cayó. Su pierna quedó atrapada bajo un cascote, la sangre brotando como un arroyo rojo. —¡Mamá! —gritó el niño, con lágrimas en los ojos—. ¡Levántate! ¡Por favor! Ella intentó levantarse. No pudo. Y entonces, unas pisadas. Lentas. Pesadas. Implacables. Una sombra se alargó sobre ellos, más oscura que la noche que los envolvía. De la negrura emergió un rostro, una sonrisa que no era humana, ojos que brillaban con una fría diversión. —Tanto escapar para nada —dijo la voz, como si saboreara cada sílaba—. Y ahora es tu turno. La mujer no gritó. No tuvo tiempo. Una ráfaga de energía negra impactó contra ella. Su cuerpo se arqueó, sus ojos se abrieron con un destello de dolor... y determinación. Con sus últimas fuerzas, giró la cabeza hacia su hijo. Lo miró como si quisiera grabar cada detalle de su rostro en su memoria. —Te amo, hijo mío —susurró, con la voz más frágil que el cristal—. Sé feliz. Y lo lanzó. Lo arrojó lejos de aquel infierno, hacia un lugar que tal vez, con suerte, estaría a salvo. El niño voló por el aire. Vio a su madre desvanecerse entre las sombras. Vio la sonrisa del hombre. Vio todo. Y luego, solo oscuridad. --- Yatzon despertó con un grito atascado en la garganta. Su cuerpo estaba empapado en sudor, las sábanas enredadas alrededor de sus piernas como si hubiera luchado contra un monstruo. Su corazón golpeaba contra sus costillas con la fuerza de un tambor de guerra. ¿Qué... qué fue eso? Parpadeó varias veces, tratando de anclar su mente a la realidad. Su dormitorio. La luz del sol m…