Manga 1173: Generación de Guerreros
Comenzamos con Zoro, quien se desplaza con agilidad saltando sobre las
cabezas de los gigantes, lanzando cortes precisos contra todos aquellos
que han sido «Domi Reversizados». Sin embargo, la situación toma un giro
inesperado cuando Dorry y Brogy intentan interceptarlo; en medio de la
confusión, ambos capitanes terminan golpeándose accidentalmente entre sí,
un error que deja a Zoro y a los presentes completamente
desconcertados.
Mientras la batalla continúa, Brook observa fijamente a Gunko y decide
revelar su verdadera identidad: se trata de la «Princesa Shuri» (o
Sherry), integrante de la realeza. El músico explica que ha logrado
reconocerla por su aspecto físico, destacando su característico cabello
azul y sus ojos de dos colores.
Con un tono de pesadumbre, Brook también la llama la «Princesa
matapadres», relatando que el hombre a quien ella le quitó la vida —su
propio progenitor— era para él un mentor y «padrino», una conexión tan
profunda como la que comparten Shanks y Luffy.
De repente, Gunko logra recuperar el control de su cuerpo por unos breves
instantes. Al ver que Brook intenta alcanzarla, ella le suplica
desesperadamente que escape; no obstante, la voluntad de Imu vuelve a
subyugarla por completo, obligándola a prepararse para un ataque inminente
contra el músico.
En otro sector de la isla, Gerd y Goldberg preparan una ofensiva
combinada contra la «madre monstruo de los sueños» mientras exclaman:
«¡¡Dos Generales...!!». Pero antes de que puedan ejecutar el golpe, Road
aparece y los detiene, manifestando su intención de unirse al ataque. De
este modo, los tres gigantes lanzan un rugido devastador, una técnica
similar al Hakoku de los capitanes:
—¡¡Tres Generales... Nación Rugiente!!
Tras el impacto, la criatura sale proyectada con violencia hacia donde se
encuentra Sommers. En un intento por evitar el choque, Sommers utiliza sus
poderes para desviarla, pero el resultado es catastrófico: sin querer,
envía al monstruo directamente contra el barco que habían preparado para
poner a salvo a los niños. Ante la visión de la embarcación totalmente
destruida, Sommers solo puede exclamar con estupor: «¡¡¡Ohh,
mierda...!!».
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