Determinismo: Zero Variable - Capítulo 5: "Punto de Ebullición"


El aire en el laboratorio de alta seguridad de la Academia no solo estaba frío; estaba muerto. Era una atmósfera artificialmente controlada, despojada de humedad para proteger los racks de servidores que procesaban los algoritmos de "limpieza" de la ciudad. Leo Nader, agazapado tras una torre de procesamiento de datos, sentía cómo el frío penetraba a través de la fina seda del traje de gala. Sus pulmones ardían con cada inhalación de aire gélido, pero su mente estaba operando a una frecuencia de procesamiento mucho más alta que la de los hombres armados que lo buscaban.

A escasos metros, los dos operativos tácticos se movían con una sincronización hidrodinámica. No hablaban. No lo necesitaban. Sus visores térmicos escaneaban el espectro infrarrojo, buscando la firma de calor de dos intrusos en un entorno de dieciocho grados bajo cero.

—Elena, prepárate —susurró Leo, su voz tan baja que apenas era una vibración en el aire—. La válvula de alivio del tanque de nitrógeno líquido tiene un pasador de seguridad de aluminio de tres milímetros. Si aplico un pulso de calor localizado con la batería de litio de mi escáner, puedo provocar una expansión térmica diferencial. El aluminio fallará antes que el acero del tanque.

Elena, cuya respiración era lo único que delataba su nerviosismo, asintió mientras sostenía la tarjeta de memoria contra su pecho como si fuera un escudo. Ella no entendía la termodinámica del plan, pero confiaba en la frialdad de Leo. El chico que hace una semana se quejaba de la ineficiencia de los semáforos estaba ahora calculando una explosión controlada para salvar sus vidas.

Leo manipuló los cables de su dispositivo "Sniffer". Había puenteado la batería para crear un cortocircuito controlado, transformando el escáner en una resistencia de alta temperatura. Con un movimiento rápido y preciso, se asomó y lanzó el dispositivo hacia la base del tanque criogénico de quinientos litros que alimentaba los servidores.

El contacto fue instantáneo. Un destello naranja iluminó la base del tanque. Leo no esperó a ver el resultado; sabía que las leyes de la física no se toman vacaciones. El nitrógeno líquido, mantenido a -196 °C, tiene una relación de expansión de aproximadamente 1 a 694 al pasar a estado gaseoso a temperatura ambiente.


—¡Ahora! —gritó Leo, empujando a Elena hacia el conducto de ventilación justo cuando el metal cedía.

El estallido no fue una explosión de fuego, sino una liberación violenta de presión. Una nube blanca y espesa de nitrógeno vaporizado inundó la habitación en milisegundos, creando una pantalla de invisibilidad absoluta para los visores térmicos de los guardias. El gas helado desplazó el oxígeno, y la onda de choque sónica —calculada por Leo para alcanzar los 140 decibelios— golpeó los tímpanos de los operativos, desorientándolos instantáneamente.

[DATOS TÉCNICOS RECUPERADOS - EVENTO DE SOBREPRESIÓN]

  • Agente: Nitrógeno Líquido (LN₂).
  • Ecuación de Estado: PV = nRT (Ley de los gases ideales).
  • Ratio de Expansión: 694.7 veces su volumen líquido.
  • Efecto Secundario: Opacidad infrarroja total por condensación de humedad ambiente.
  • Presión Acústica: ≈ 150 Pa (Umbral de desorientación).



Leo trepó tras Elena hacia el conducto de ventilación, sintiendo cómo sus dedos se entumecían por el frío extremo. Mientras se arrastraban por el estrecho túnel de metal, el sonido amortiguado del discurso de Julian Varkas volvía a filtrarse a través de las paredes.

—"...porque el orden no es una imposición, sino un regalo que la ciencia le hace a la humanidad para liberarla de la tiranía del azar..." —la voz de Varkas resonaba con una convicción que, en cualquier otra circunstancia, Leo habría encontrado inspiradora.

—¿Cómo puede hablar así mientras abajo están planeando masacres? —susurró Elena, su voz quebrada por el esfuerzo físico mientras avanzaba por el conducto—. Ese hombre es un ídolo para millones, Leo. Si supieran lo que hay en esta tarjeta...

—Ese es el problema, Elena —respondió Leo, su mente analizando la jerarquía de la señal que había detectado—. Varkas vive en la superficie, en el mundo de las constantes y la belleza arquitectónica. Pero la ingeniería de este laboratorio es... diferente. Es cruda, es pragmática. El "Arquitecto" del que hablaban esos tipos está usando el prestigio de Varkas como una pantalla de interferencia. Varkas es la luz que ciega a la ciudad, permitiendo que las sombras operen en los cimientos.

Salieron a una terraza de servicio en el piso cuarenta, lejos de la gala. La ciudad de Aethelgard se extendía bajo ellos como una inmensa placa base iluminada. Leo respiró el aire nocturno, tratando de estabilizar su ritmo cardíaco. No sentía el "subidón" de adrenalina que describen las novelas; sentía una profunda molestia por la cantidad de variables incontrolables que acababan de enfrentar.

Elena sacó un pequeño terminal portátil de su maletín y conectó la tarjeta de memoria robada. Sus ojos barrieron las líneas de código hasta que se detuvo en un mapa topográfico de la Estación Central de Aethelgard.


—Mañana a las 08:45 a. m. —dijo ella, con el rostro iluminado por el brillo azul de la pantalla—. Es la hora punta. El Sector 43 no es solo la estación; es el nudo ferroviario que conecta el distrito financiero con los barrios periféricos. Si el sistema de resonancia se activa en los pilares de soporte de la vía elevada...

—No solo caerán los trenes —completó Leo, acercándose para ver el diagrama—. La estructura está diseñada para ser hiperestática. Si quitas un soporte crítico mediante resonancia armónica, el peso se redistribuirá de forma asimétrica, provocando un fallo en cascada que derribará el techo de la terminal sobre miles de personas. Es un colapso inducido por gravedad, pero disfrazado de fatiga estructural.



—Tenemos que detenerlo, Leo. Tenemos que ir a la policía, al Inspector Miller...

—Miller no pudo ver un vector de cuatro metros frente a sus ojos, Elena —la interrumpió Leo, su tono volviendo a esa frialdad analítica—. La policía es parte de la inercia del sistema. Si intentamos denunciar esto, la señal será borrada y nosotros seremos clasificados como la siguiente "variable disruptiva". El sistema de Aethel-Core Solutions ya nos tiene en su radar.

Leo miró hacia el horizonte, donde la Torre Varkas se alzaba como un faro de perfección. Por un momento, se preguntó si Varkas, el hombre que él tanto admiraba, se sentiría traicionado al saber que su visión de una ciudad sin errores estaba siendo utilizada para justificar asesinatos preventivos. O quizás, Varkas era simplemente una constante más en una ecuación que se le había escapado de las manos a sus propios creadores.

—Necesitamos un inhibidor —sentenció Leo—. Un dispositivo que emita una señal de contra-fase a 1420.4 MHz. Si puedo generar una interferencia destructiva en el momento exacto en que activen el oscilador, la energía de la resonancia se cancelará a sí misma. El perno no vibrará, el metal no se romperá y el sistema creerá que el objetivo ha sido eliminado cuando en realidad no ha pasado nada.

—¿Puedes construir algo así en menos de doce horas? —preguntó Elena, incrédula.

Leo recordó su habitación llena de chatarra tecnológica y el perno de neodimio que Elena le había entregado en el cementerio.

—No necesito construirlo desde cero. Solo necesito el núcleo magnético de ese perno y un amplificador de potencia de banda ancha. El problema no es la construcción, Elena. El problema es la posición. Para cancelar una señal de esa magnitud, tengo que estar a menos de diez metros del oscilador emisor.

Elena guardó su terminal y miró a Leo con una determinación que él no pudo evitar procesar como una nueva e importante constante en su vida.

—Entonces mañana a las ocho de la mañana estaremos en la Estación Central. Yo me encargaré de localizar al emisor con mi cámara infrarroja. Tú solo asegúrate de que tus cálculos sean perfectos.

—Mis cálculos siempre son perfectos, Elena —respondió Leo, ajustándose las gafas mientras empezaban a bajar por las escaleras de emergencia—. Es la realidad la que suele tener problemas para estar a la altura.

Caminaron hacia la oscuridad de las calles laterales, lejos de los focos de la gala. Mientras la élite de Aethelgard seguía celebrando la "Ciudad del Futuro", un estudiante de física y una periodista se preparaban para enfrentar a una sombra que se hacía llamar el Arquitecto. La batalla por el Sector 43 no se libraría con armas, sino con frecuencias, y Leo Nader estaba decidido a que, por una vez, el resultado de la ecuación fuera la vida.



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Kevin Vega

Administrador principal de MangaLatam. Ingeniero industrial y escritor en mi tiempo libre. twitter instagram

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