Gharel, la leyenda de un guerrero - Capítulo 1 - Parte 2: "Gharel Tolakar entra en acción"

Gharel, la leyenda de un guerrero - Capítulo 1 - Parte 2

Cuando el Sol se acercaba a su punto más alto, Gharel llegó a su hogar, el cual quedaba en la parte más alta del pueblo Mollepata. Alrededor había muchos arboles y arbustos, y también un camino en bajada con dirección hacia la avenida principal del pueblo. Por cierto, hablando sobre el camino, Gharel había tomado un atajo momentos antes cuando se dirigía a Courier Mollepata, ya que si no lo hacía, iba a llegar más tarde.

En el momento que Gharel entró a su casa, que es de un piso, dijo: «Ya llegue abuelito».

Al no recibir una respuesta, Gharel se preguntó dónde estaba su abuelito, así que comenzó a buscarlo en la sala y luego en la cocina. Y al no encontrarlo, pensó: «Ah, debe estar en la parte de atrás».

En ese instante, Gharel salió de la cocina y fue por un pasillo que lo llevó hacia el fondo de la casa, donde había una mampara de vidrio, y en el momento que lo abrió, se podía ver un amplio campo lleno de arbustos. En el medio del lugar se encontraba una persona de avanzada edad con un tono leve de barba y bigote, asimismo, estaba sentado en una postura de meditación.

—¿Abuelito? —dijo mientras se acercaba.

Una vez más, Gharel no recibió una respuesta, así que, en el momento que estaba a un paso de su abuelito, se agachó y le dijo: «¿Puedes oírme, abuelito?».


Gharel sabía que su abuelito estaba meditando, pero aun así quería molestarlo. Así que acercó su rostro al de él y comenzó a llamarlo mientras hacía unas expresiones raras.

Llamando a abuelito —dijo mientras agitaba ambas manos—. Hey, ¿puedes oírme?

Al ver que su abuelito no reaccionaba ante eso, se acercó hacia su oído y, mientras abría la boca, dijo: «Abuelitoooo».

Luego, Gharel se alejó un poco y pensó: «Hmmm. Así que no vas a decir nada. Bien, entonces haré esto».

En ese instante, Gharel comenzó a acercar lentamente su dedo índice derecho al oído de su abuelito.

Repentinamente, un puño que iba a mucha velocidad impactó en el rostro de Gharel,  mandándolo a volar unos cuantos metros.

—¡¡Mi gran paciencia también tiene un límite, Gharel!! —exclamó su abuelito, que se había puesto de pie y estaba mostrando el puño de su mano derecha, mientras una gran vena sobresalía de su frente.


Delante de Gharel, que estaba en el suelo, se podía ver la figura de un hombre alto y de una musculatura pronunciada, y aunque ya era mayor de edad, aún conservaba el cabello, que era corto, blanco y encajaba bien con su barba.

—¡¡Aayyayyay!! ¡¡Eso me dolió, abuelito!! —exclamó mientras se frotaba el rostro con ambas manos.

—Eso es para que aprendas a respetar a tus mayores —respondió con firmeza.

—Pero aun así... —Se siguió frotando parte del rostro, pero esta vez lo hizo con la mano izquierda—. No tenías por qué actuar con tanta rudeza por una simple broma.

—Ya deja de quejarte, tú mismo te lo buscaste.

Aún con un ligero dolor en el rostro, Gharel se puso de pie, mientras su abuelito le preguntó: «Y bien, ¿trajiste el documento?».

—¿Documento? —dijo con duda.

—Sí, el que fuiste a recoger de Courier Mollepata.

—Ah, sí, aquí lo teng...


En ese instante, Gharel se percató que no tenía el documento.

—¿¡Eh!? ¿¡Dónde está!? —exclamó con preocupación, para después mirar hacia abajo y ver si estaba ahí.

Su abuelito lo miraba fijamente y luego le dijo: «¿A qué te refieres con "dónde está"? Se supone que fuiste a recogerlo».

—Sí, lo sé —miró hacia atrás—, pero.... —se percató de algo.

Con una sonrisa despreocupada, Gharel dirigió la vista hacia su abuelito y le dijo: «Ah, ya me acordé. Cuando te estaba buscando en la sala, lo dejé en el comedor».

En ese instante, y un poco avergonzado, Gharel comenzó a frotarse la parte de atrás de su cabeza con su mano izquierda, y dijo: «Me olvidé que lo dejé ahí».

Justo cuando terminó de decir eso, Gharel empezó a soltar unas cuantas risas mientras cerraba los ojos.

Repentinamente, su abuelito le dio un coscorrón, para después decirle: «Tarado».

—¡¡Aayy!! —exclamó de dolor.

Mientras Gharel se frotaba la cabeza, su abuelito se dirigió hacia la casa, y cuando abrió la mampara, miró a su nieto y le dijo: «Ya no pierdas más el tiempo y entra a la casa. Es hora de almorzar».

Cuando escuchó es, Gharel, que aún seguía frotándose la cabeza, pensó: «¡Maldito viejo, ese golpe sí que me dolió!». En ese instante, dejó de frotarse la cabeza y luego sonrió levemente. «Pero no importa... Al menos es bueno ver que aún rebosa de gran vitalidad».

Luego de un breve momento, Jedrek, que era el nombre del abuelito de Gharel, se encontraba en el comedor de la sala y estaba revisando el documento que le llegó de la ciudad de Mittel.

«Así que fue aceptado...», pensó.

Repentinamente, Gharel, que tenía ambas manos detrás, apareció delante de Jedrek y le preguntó: «Por cierto, abuelito. ¿Qué es ese documento que te llegó de la ciudad de Mittel?».


Jedrek miró a su nieto y respondió: «Es un formulario que el Estado envía cada cierto tiempo con la finalidad de saber más de nosotros».

—¿A qué te refieres?

—Bueno, es más que nada para saber cuántas personas viven en esta casa, a qué nos dedicamos y cuáles son las condiciones en las que nos encontramos.

—Ah, entiendo. ¿Y eso es algo que se lo envían a todas las personas del pueblo?

—De hecho, sí lo hacen, pero es en forma aleatoria y solo a un grupo de 800 personas. Y como sabrás, en este pueblo viven alrededor de 7200 personas, así que cada año se lo han estado mandando a 800 personas hasta que este año nos tocó a nosotros.

—Ya veo. Por un momento pensé que era algo más importante. Aunque pensándolo bien, nosotros no conocemos a nadie de la ciudad de Mittel.

—Así es. —Sonríe levemente—. Ahora ve a la cocina y calienta la comida mientras yo pongo los platos en la mesa.

—Está bien, abuelito.

Mientras estaba calentando la comida en el microondas, Gharel se puso a pensar de que era momento de decirle a su abuelito lo que tenía planeado hacer para su futuro. Aunque por dentro sintió de que tal vez era muy pronto para hacerlo; sin embargo, otra parte de él decía que por más que fuera doloroso, debía hacerlo, de lo contrario, viviría con un gran arrepentimiento. Y luego de unos segundos, el microondas sonó, dando la señal de la que comida ya estaba caliente.

Entonces, desde la cocina, Gharel dijo: «¡La comida ya está lista, abuelito! ¿Pusiste los platos?».

—¡Sí! ¡No te olvides de traer el cucharón!

—¡De acuerdo!

Antes de salir de la cocina, Gharel sacó un cucharón del repostero y lo puso encima de la olla que estaba cargando, para después dirigirse al comedor.


Luego Gharel comenzó a servirle la comida a su abuelito, cuando de repente recordó lo que la señora Yuria le había dicho en la mañana, así que dijo: «Por cierto, abuelito, hoy la señora Yuria me dio una buena noticia».

—¿Sí? ¿Qué te dijo?

Me dijo que Yaku llegará mañana al pueblo.

En ese instante, Gharel terminó de servir la comida a su abuelito, quien le respondió: «Esa sí que es una buena noticia».

A medida que Gharel se servía la comida, dijo: «Sí que lo es. Por eso la señora Yuria hará un almuerzo familiar mañana». Terminó de servirse la comida y luego se sentó. «Y me pidió que la acompañara y también que te dijera que estás invitado».

Por un momento, Jedrek se quedó en silencio. Luego Gharel lo miró y le preguntó: «Entonces, mañana irás, ¿verdad?».

Jedrek lo miró y sonrió ligeramente. Luego respondió: «De acuerdo, mañana te acompañaré».

—¡Genial! —dijo con una sonrisa.


Mientras ambos estaban comiendo, Gharel se puso a pensar de que era momento de decirle a su abuelito sobre lo que iba a hacer con su futuro.

«Sí, debo hacerlo ahora, o de lo contrario...», pensó mientras dirigía la vista hacia su abuelito.

En el momento que la mirada de ambos se cruzaron, Gharel abrió la boca preparado para decir lo que realmente quería hacer, pero Jedrek lo interrumpió y dijo: «¿Hoy irás al hospital, verdad?».

Gharel se mostró un poco sorprendido debido a que no esperó esa pregunta tan repentina; sin embargo, respondió rápidamente.

—Ah, sí, hoy me toca ir.

—De acuerdo. Saluda al doctor Sihui de mi parte.

—Sí, está bien —respondió mientras bajaba la mirada.


Al ver la expresión de su nieto, Jedrek le preguntó: «Y bien, ¿qué era lo que querías decirme?».

—¿Eh?

—No pongas esa cara, tú sabes a lo que me refiero.

—Bueno, sí, hay algo que quiero decirte...

Mientras ambos se miraban fijamente, Gharel pensó: «Sí, no hay marcha atrás. !Debo hacerlo ahora!».

En ese instante, Gharel se armó valor y dijo: «Abuelito, he decido de que ha llegado el momento de...».

Justo antes de que Gharel terminara de decir lo que quería hacer, Jedrek comenzó a toser fuertemente.

—¡Abuelito! ¿¡Estás bien!? —dijo mientras se levantaba de la silla para ir a ayudarlo.

En ese momento, Jedrek tosió aún más fuerte, hasta el punto de escupir sangre, lo cual dejó muy preocupado a Gharel, quien lo estaba sosteniendo.

—¡Iré a traer tu medicina! ¡Enseguida vuelvo! —dijo con preocupación.

—No, está bien... —Respiró con dificultad—. Antes de que llegaras, ya había tomado mis pastillas.

—Pero...

Al ver lo preocupado que estaba su nieto, Jedrek le dijo: «No te preocupes, solo necesito descansar un poco».


Cuando escuchó eso, Gharel supo que Jedrek le decía en parte la verdad, ya que las pastillas que había tomado demoraban un poco en hacer efecto. Sin embargo, también era consciente de que le mentía cuando le dijo que solo necesitaba «descansar un poco», puesto que sabía que el estado de salud de su abuelito estaba empeorando aún más.

A pesar de la situación adversa, Gharel estaba preparado para ese tipo de eventualidades, ya que no era la primera vez que vivía una peripecia similar. Así que, en el momento que se tranquilizó, dijo: «Está bien. Entonces te ayudaré a ir a tu habitación».

—Gracias —dijo mientras ponía su brazo derecho sobre el hombro de su nieto.

A medida que Gharel lo acompañaba a su habitación, Jedrek le dijo: «Cuando regreses del hospital, quiero escuchar lo que quieres decirme, ¿de acuerdo?».

En ese instante, Gharel sintió un poco de alivio y respondió: «Está bien, abuelito».



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