Gharel, la leyenda de un guerrero - Capítulo 1 - Parte 3: "Gharel Tolakar entra en acción"

Gharel, la leyenda de un guerrero - Capítulo 1 - Parte 3

Después de haber dejado a su abuelito en la habitación, Gharel salió de la casa para ir al Hospital General de Mollepata, ya que formaba parte de su rutina semanal. Él iba allí dos veces a la semana, y no porque estuviera enfermo, sino que había una sección de atención especial llamado «Unidad de Cuidado Mental y Físico», que era para aquellos que habían ido a la guerra. Se podría decir que era como una casa de reposo para los veteranos de guerra. Aunque eso no significaba que todos ellos eran mayores de edad, puesto que también había jóvenes que por alguna razón quedaron imposibilitados. Asimismo, había algunos que quedaron con neurosis de guerra, un extraño trastorno por estrés postraumático que comenzó a surgir con gran fuerza en los últimos 6 años. Y fue debido a ese incremento vertiginoso que muchos hospitales de las grandes ciudades y de algunos pueblos, como Mollepata, comenzaron a crear estas secciones de atención especial.

Cabe aclarar que estas secciones no eran algo que los hospitales de los pueblos deberían tener, ya que muchos de ellos no contaban con el personal necesario para realizar ese tipo de actividades. Sin embargo, debido a la cantidad de heridos que la guerra dejaba cada semana, el Estado decidió crear estas secciones en hospitales donde la cantidad de pacientes era menor. De esta forma, los hospitales de las grandes ciudades tendrían un respiro y podrían enfocar gran parte de su personal en atender a los heridos de guerra.

El Hospital General de Mollepata contaba con los recursos necesarios para albergar a aquellos que requerían de esa atención especial. Él, al igual que otros veintidós hospitales de diferentes pueblos cercanos, recibían mensualmente a ciento diez soldados, de los cuales algunos permanecían varios meses internados, mientras que otros solo estaban de uno a dos meses.

Era por esa razón que Gharel visitaba dos veces a la semana el Hospital General de Mollepata. Sin embargo, esto no significaba que él tenía exclusividad para entrar allí, sino que en el hospital existía un programa de voluntariado para atender a los pacientes de la Unidad de Cuidado Mental y Físico. Y al igual que Gharel, también había otros jóvenes que apoyaban en dicha sección.

Aunque también cabe mencionar que había otra razón por la que Gharel se ofreció como voluntario: le gustaba escuchar las historias de guerra de los veteranos.


Habían pasado dos horas desde el mediodía, y Gharel finalmente llegó al Hospital General de Mollepata, que era un gran complejo de tres pisos con un amplio fondo. Antes de entrar, Gharel le mostró su carnet de identificación al encargado de seguridad, quien lo saludó amablemente, a lo que él también devolvió el saludo cordialmente.

Una vez adentro, Gharel caminó por un pasillo que lo llevó hacia la parte trasera del hospital, donde había un amplio parque al que acudían algunos pacientes a realizar caminatas, mientras que otros solo iban a sentarse en los bancos para apreciar la naturaleza.

Al llegar al parque, Gharel vio a lo lejos al doctor Sihui, que estaba hablando con dos jóvenes. Y luego de unos segundos, el doctor también lo vio, así que, en compañía de los dos jóvenes, se acercó hacia él.
 
—Buenas tardes, doctor Sihui.

—Hola, Gharel. Has llegado en el mejor momento.

—¿Sí? ¿Por qué lo dice?

—Bueno, como puedes ver, hay dos nuevos voluntarios.

En ese momento, el doctor Sihui presentó a Gharel a los dos voluntarios, quienes se llamaban Unay y Kunaq. Y una vez que el doctor Sihui terminó de presentarlos, le dijo a Gharel: «Ayer han llegado más pacientes menores de sesenta años, así que quiero que ayudes a Unay y Kunaq a integrarse al grupo. Ustedes apoyarán a la enfermera que está a cargo de la sección 2B».


En la Unidad de Cuidado Mental y Físico había tres secciones, que se dividían en 2A, 2B Y 2C. La sección 2A correspondía a las personas mayores de sesenta años, la sección 2B a personas de cuarenta a sesenta años, y la sección 2C a personas de veinte a cuarenta años.

Solo algunos voluntarios apoyaban en la sección 2A debido a la dificultad que tenía. En el caso de Gharel, solo apoyaba en la sección 2B y 2C.

Entonces, en el momento que el doctor Sihui le dijo que iba a apoyar en la sección 2B, Gharel le preguntó: «¿Ayudaré con los pacientes que recientemente han llegado? ¿O serán los mismos de la vez anterior?».

—Ellos ya han sido dados de alta, así que hoy se enfocarán en apoyar con los nuevos pacientes.

—Entendido.

En ese instante, el doctor Sihui dirigió la vista hacia Unay y Kunaq, y les preguntó si tenían alguna duda sobre lo que hablaron hace un momento, a lo que ellos le respondieron que todo estaba claro.

Bien, entonces los veré luego. Cualquier duda que tengan, le preguntan a la enfermera que estará a cargo de ustedes.

En el momento que el doctor Sihui se retiró, Gharel comenzó a hablar con Unay y Kunaq, diciéndoles que lo sigan, ya que iban a ir a la sección 2B.

El parque, donde los pacientes salían a caminar, estaba dividido en varias partes, y una de esas era para la Unidad de Cuidado Mental y Físico, que a su vez tenía un espacio reservado para sus tres secciones. En pocas palabras, no se trataba de un parque cualquiera, sino de uno que tenía un amplio espacio, razón por el cual el Estado vio que era un buen lugar para crear la sección especial que necesitaba. Y, de la misma forma, los otros hospitales de los demás pueblos también tenían las mismas características.

Cuando Gharel, Unay y Kunaq llegaron a la sección 2B, los recibió la enfermera Asiri, una joven de tez clara, ojos marrones y cabello largo y oscuro, que llevaba más de 3 años trabajando en el hospital.

—Buenas tardes, señorita Asiri.

—Buenas tardes, Gharel. Veo que llegas a la hora exacta —dijo con una sonrisa.

—Sí, lo sé. Casi llego un poco tarde.

—No te preocupes, tú siempre estás apoyándonos en todo lo que puedes. —Dirigió la vista hacia Unay y Kunaq—. Más bien, veo que vienes con nuevos voluntarios, ¿verdad?

—Así es. —Se movió hacia un costado y extendió su mano hacia Unay y Kunaq como una forma de presentarlos—. Le presento a Kunaq y Unay, quienes ahora nos apoyarán en la sección 2B y 2C.

En ese instante, Unay y Kunaq se presentaron rápidamente, pero debido a lo nerviosos que estaban, lo hicieron al mismo tiempo, entorpeciendo un poco el saludo.

Al verlos, Asiri se rio levemente y luego dijo: «Un gusto en conocerlo, chicos».


Viéndola sonreír cálidamente, Unay y Kunaq se sonrojaron ligeramente.

—¡Bien, es momento de ponernos manos a la obra! —dijo Asiri con entusiasmo.

Entonces, Asiri miró a Gharel y le dijo que, como ya tenía experiencia, se iba a encargar de cuidar a un nuevo paciente que recientemente había llegado. Luego les dijo a Unay y Kunaq que estarían con ella todo el día apoyándola en lo que necesitara, para que de esta forma aprendieran más sobre lo que tienen que hacer.

Pero antes de eso, Asiri les dijo que la esperaran por un momento, ya que iba a llevar a Gharel hacia donde se encontraba el nuevo paciente.

—De acuerdo.

—Está bien.

Asiri sonrió ligeramente y dijo: «Bien, enseguida vuelvo».

En ese instante, Asiri y Gharel se retiraron. Y luego de un breve momento, llegaron hacia un banco de madera, donde estaba sentado un señor de edad no muy avanzada, probablemente de cuarenta y dos o cuarenta y siete años, ya que una parte de su cabello, que apenas le llegaba al hombro, era blanco. También tenía unas cuantas arrugas en el rostro, que no le hacían lucir muy viejo, pero resaltaba que ya estaba entrando a la vejez. Además, tenía una gran cicatriz en forma de raya en la frente, que posiblemente fue causada por el corte de una espada. Él sostenía un bastón con su mano izquierda y, cuando vio a Asiri, dijo: «Me estaba preguntando a qué hora ibas a volver, ya que me sentía muy solo estando aquí».


Asiri se acercó y con una cálida sonrisa le dijo: «Bueno, ya no te sentirás solo. Aquí he traído a alguien para que te haga compañía por unas horas».

Cuando vio a Gharel, el señor le dijo: «Jovencito, acércate. Siéntate a mi costado».

—Sí, está bien —dijo mientras se acercaba.

—Un gusto en conocerte. Me llamo Katari Antay.

—El gusto es mío, señor Katari. Yo me llamo Gharel.

Segundos después, Asiri les dijo que los iba a dejar solos por un momento, pero que luego regresaría. También les dijo que si necesitaban algo, no dudaran en llamarla.

—No se preocupe, señorita Asiri. La mantendré informada.

—Ve con cuidado, hija. Aquí pasaré un buen rato con mi nuevo acompañante.

Asiri sonrió y dijo: «Bien, entonces nos vemos luego».

A medida que Asiri se alejaba, Gharel miró a Katari y le preguntó qué quería hacer primero, a lo que Katari respondió: «No es como si pudiera hacer mucho, después de todo, me cuesta trabajo mover todo mi cuerpo».

Avergonzado, Gharel intentó disculparse, ya que sintió que de alguna forma lo ofendió, pero luego Katari le dijo que no se preocupara.

—Solo quedémonos aquí y conversemos todo lo que podamos. —Dirigió la vista hacia Gharel—. De seguro tienes muchas preguntas, lo puedo ver en tus ojos.

—¿Eh? No... —dijo sorprendido.

—No te preocupes. Te doy permiso de preguntar.

En ese instante, muchas preguntas pasaron por la cabeza de Gharel. Y aunque estaba acostumbrado a escuchar las historias de los que estuvieron en la guerra, esta vez la situación era diferente, ya que normalmente eran ellos quienes le contaban repentinamente esas historias. Y, por lo general, él no solía preguntar, solo escuchaba. Así que se preguntó a sí mismo si estaba bien ser directo con Katari.

—Entonces está bien si le pregunto sobre su... —Miró la frente de Katari.


—¿Mi cicatriz en la frente?

—¿Eh? Bueno, sí...

—No te sientas apenado. Te dije que te daba permiso a preguntar lo que deseabas.

—Está bien —dijo con más seguridad—. ¿Entonces cómo fue que se hizo esa herida?

En ese momento, Katari miró al frente y dijo: «Veamos, esta herida me la hice hace nueve años cuando estaba peleando con un Kamayuk del país de Sarak».

En el instante que Gharel escuchó «Kamayuk», sus ojos se abrieron y no pudo contener la emoción, así que preguntó: «Un momento... ¿dijiste un Kamayuk?».

—Así es. ¿Sabes quiénes son? —dijo mientras lo miraba.

Con gran emoción, Gharel dijo: «¡Sí, claro! Son los guerreros especiales del Estado. Cada uno de ellos tiene la habilidad de poder controlar un elemento de la naturaleza, e incluso hay algunos que pueden controlar hasta dos elementos de la naturaleza».

—Veo que sabes mucho sobre eso.

—Bueno, sí. Mi abuelito me contó sobre eso hace un tiempo.


—Ya veo. —Miró al frente—. Bueno, es tal como dices. Actualmente, la guerra que hay en todo el mundo está dividido en dos partes. Por un lado están los soldados tradicionales que usan armas y equipamientos de última tecnología. Y por otro lado están aquellos soldados que pueden controlar los elementos de la naturaleza. Solo las naciones más poderosas son capaces de tener ambas facciones de poder, mientras que otras solo pueden invertir en tecnología y mejorar el equipamiento de sus soldados.

En ese instante, Katari miró a Gharel y le dijo: «Este aumento de poder ocurrió en los últimos diez años, ya que hubo un gran incremento de personas con la habilidad de poder controlar los elementos naturales. Y debido a eso, muchos países han podido aumentar su poder militar, lo cual les permitió dominar con mayor facilidad a otras naciones. La aparición de los Kamayuk cambió el curso de la guerra, pero no en buena forma, sino en una más violenta y perversa».

Gharel se quedó en silencio y pensativo. Su rostro reflejaba lo desconcertado que estaba debido a la situación que el mundo vivía, y antes de que pudiera decir algo, Katari le preguntó: «¿Gharel, qué edad tienes?».

—¿Eh...? Ah, bueno, tengo 15 años.

—Ya veo. Naciste en un mundo que ya se estaba sumergiendo en una guerra sangrienta.

En ese instante, Gharel lo miró fijamente, mientras Katari le dijo: «Esta guerra inició hace 17 años y fue por diversas ambiciones de muchos grupos de poder». Dirigió la vista hacia Gharel. «Así que probablemente esta guerra continuará por mucho más tiempo».

Al escuchar eso, Gharel se quedó perplejo, pero en ese instante, Katari sonrió levemente y le dijo: «Sin embargo, aun en toda esta miseria, es posible encontrar la felicidad».

Una vez más, Gharel se quedó en silencio, pero esta vez lucía más calmado. Luego Katari le preguntó: «¿No quieres saber cómo acabó mi combate con aquel Kamayuk? Después de todo, querías saber cómo me hice esta cicatriz, ¿no?».

—Ah, sí. Por un momento me olvidé de eso —sonrió levemente.

—Bueno, al final ocurrió algo que hasta ahora me sigo preguntando.

—¿A qué se refiere?

—En aquel entonces, yo tenía la pelea perdida. Mi armamento estaba hecho pedazos y no tenía forma de protegerme de sus ataques.


—Espere un momento, ¿a qué se refiere con armamento? ¿Acaso los Kamayuk también llevan eso?

—Ah, cierto. Me olvidé decirte que no soy un Kamayuk. Solo soy un simple humano que era muy bueno usando todo tipo de armas.

Gharel se quedó muy sorprendido al escuchar eso, y luego dijo: «¡Wow! No me esperaba algo como eso. Supongo que debió haber sido una pelea muy difícil».

—Sí que lo fue —dijo mientras sonreía—. Él podía controlar el elemento agua y tierra, y fue con ese último elemento que creó una espada de rocas y me cortó parte de la frente. Si no fuera por la armadura que llevaba en mi cabeza, me hubiera decapitado.

En ese instante, la expresión de Katari cambió a una de desconcierto y dijo: «Sin embargo, hay algo que ocurrió durante la pelea que me dejó perplejo. Recuerdo muy bien que era de noche y, por un instante, la luz de la luna desapareció. Hubo una oscuridad completa. En ese momento, yo estaba recostado sobre un árbol, ya que minutos antes había escapado para ir a curarme la herida que tenía en la frente. Pero fue en vano, ya que aquel Kamayuk me había encontrado. Y justo antes de que me diera el último golpe, desapareció sin dejar rastro alguno».

—¿De la nada...?

—Así es. Lo único que luego pude ver gracias a la luz de la luna fue un charco de sangre.


Al escuchar eso, Gharel contuvo el aliento, mientras Katari le dijo: «Después de aquel incidente, me reuní con mi escuadrón a la mañana siguiente y escuché a algunos decir que en la noche vieron un extraño monstruo. Aunque claro, yo nunca fui un creyente de ese tipo de cosas. Sin embargo, lo que ocurrió esa noche me hace preguntar hoy en día si realmente existen otras criaturas que los humanos desconocemos».

Cuando vio la expresión de Gharel, Katari le dijo: «Parece que te asusté con mi historia».

—Oh, no, no se preocupe. Es solo que es la primera vez que escucho algo como eso.

—Y probablemente no será la última. Recuerda que este mundo es muy grande y puede ocurrir muchas cosas.

A medida que Katari seguía hablando, Gharel lo escuchaba con asombro.

Poco a poco fue pasando el tiempo, y cuando finalmente llegó el atardecer, apareció Asiri.

—Espero que los dos se hayan divertido juntos —dijo con una sonrisa.

—Así lo fue, hija.

En ese momento, Gharel supo que ya era hora de despedirse. Así que se puso de pie y luego miró a Katari. Pero justo antes de que le dijera algo, él lo interrumpió y dijo: «Por cierto, Gharel. ¿En qué parte vives?».

—En la parte alta del pueblo.

—Ya veo. Espero que puedas venir a visitarme otro día. Disfruté hablar contigo.

—Por supuesto. Fue un placer haber conversado con usted, señor Katari —dijo con una sonrisa.


Luego Gharel miró a Asiri, que mostraba una cálida sonrisa, y le dijo: «Bueno, ya me retiro. Nos vemos la siguiente semana».

—Espera un momento, Gharel —dijo Asiri.

—Sí, dime.

—El doctor Sihui me dio estas pastillas para el señor Jedrek.

—¡Oh, gracias! —dijo con una sonrisa mientras recibía las pastillas—. Bueno, ahora sí me retiro. Hasta luego.

A medida que se alejaba, Gharel levantó la mano derecha como señal de despedida hacia Katari y Asiri.



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